Tuve la suerte de hacer el Introductorio a la Psicologia de los Eneatipos el año pasado con Jorge Llano y Ginetta Pacella en Ibiza. Me impresionó de él su intuición, su bondad y cariño, y lo directo de sus intervenciones cuando de ayudar a los demás se trata.

Yo no le conocía ni de oídas y fue después del curso que me puse a investigar a ver quién era este hombre que nos había hecho de figura paterna en el primer curso del Programa SAT. Cito aquí directamente tal y como se le presenta en el libro, publicado por Ediciones La Llave:

“Psicoterapeuta, consultor, especialista en caracterología y referente internacional en constelaciones familiares. Durante más de una década presentó un programa sobre psicología en la televisión colombiana. Es fundador de la Escuela de Gestalt de Claudio Naranjo en Bogotá, profesor y formador de terapeutas, así como un reconocido tallerista internacional, poco amante de los convencionalismos y experto en el manejo tanto de los recursos de la psicoterapia como de las tradiciones indígenas. Como aprendiz de curandero, fue acogido por diferentes maestras y maestros que lo instruyeron en la curandería y el arte de la vida. Es, además, un apasionado criador de caballos”.

El libro me lo compré este mes de julio, mientras estaba haciendo el SAT 1 en Burgos y lo he terminado hace poco. He de decir que hacía mucho que un libro no me emocionaba tanto. He llorado, me he reído, he sentido asombro, sorpresa, miedo… pero sobre todo, he sentido el llamado, como reza el título, el primer llamado del alma: al servicio. Lo cierto es que lleva ya tiempo gritando fuerte en mi vida, pero hay que reconocerlo, remangarse, y ponerse a ello, y este libro me ha ayudado enormemente a confiar, a reconocer, a sentir la certeza, a creer en la fuerza interna que nos impulsa a movernos desde el corazón, a compartir los dones con los demás…

Resulta que Jorge Llano fue aprendiz y colaborador durante años de don Lucio Campos, ilustre granicero. Tanto él como Jorge, entran en la tradición al ser alcanzados por un rayo. Los graniceros fueron y aún son, aunque quedan pocos, una tradición de chamanes centroamericanos capaces de intervenir el clima, atraer la lluvia,  evitar tormentas, ahuyentar, espantar y atraer las nubes cargadas de granizo.

Fray Bernardino de Sagahún nos dice sobre ellos:

“Esta gente cuando veía encima de la sierra nubes muy blancas, decían que eran señal de granizo los cuales venían a destruir las sementeras y así tenían muy grande miedo”(Sahagún, 1969, tomo II:266).

También dice:

“[…] y para qué no viniese el dicho daño en los maizales, andaban unos hechiceros que llamaban teciuhtlazque que es casi estorbadores de granizos, los cuales decían que sabían cierta clase arte o encantamiento para quitar los granizos o que no empeciesen los maizales y para enviarlos a las partes desiertas y no sembradas ni cultivadas, o a los lugares donde no hay sementeras ningunas”. (Sagahún, 1969, tomo II:266).

Además, estos chamanes ayudan a sanar. Cito textualmente del libro, Jorge Llano hablando de don Lucio:

“El rayo no sólo le cambió la vida, lo dejó en un estado de ensoñacion y vigilia que le permitía, desde estos dos mundos, entrar en curación y visitar en sueños a los enfermos y los necesitados para socorrerlos; también entendía los pensamientos de las personas y se encontraba con los muertos y los finados de sus clientes. Don Lucio además de los dones del rayo, recibió el linaje secreto de su Compañía y de los escobadores de las nubes, sus lugares sagrados y la dirección de los cúmulos, y luego con los años heredó también la dirección de La Compañía. No habló hasta los cincuenta años, como es la tradición: sólo las personas pasado medio siglo tienen realmente algo que decir, algo que les pertenezca. Yo también hice esa misma promesa y sólo ahora puedo empezar a balbucear mi camino”. Se ve que don Lucio pasó tres años en coma, después que le alcanzase el rayo. A partir de entonces, se puso al servicio como granicero.

El libro desde luego no tiene desperdicio, a mí me ha tenido con los pelos de punta en múltiples ocasiones, ha sido de esos libros que cuesta parar de leer. Es infinito el agradecimiento que siento hacia Jorge Llano, hacia sus maestros, su tradición, hacia la Gestalt, hacia todos los llamados y toda la humanidad. Impecable la descripción de don Lucio del primer llamado:

“Sí, Jorgito – mirándome -, el primero es el llamado a tomar la vida, a dejarse de chingaderas y ser de verdad y hacer las cosas del mundo y cumplir; es el llamado de no vomitar la vida y ponerse a servir y ayudar y mejorar la vida misma; no es hacer lo que uno quiere, es hacer lo que toca, y no es quedarse a llorar, es salir adelante y ayudar a otros”. ¡Agarremos la vida pues, y hagamos lo que toca hacer ayudando a los demás! Porque vivir a medias duele, y el alma, como decía don Lucio, a veces se asusta de las cosas que pasan aquí en este mundo:

 

Además, se recomienda la escucha de determinadas piezas musicales en diferentes puntos del texto, cada tema viene con su información y un código QR, con un móvil, es fácil encontrarlas en internet o spotify. Realmente, como dice en la introducción, algunas partes del libro son inconcebibles sin la banda sonora, y ésta es de lo más ecléctica y cautivadora.

Épico es, también, el comienzo del texto, una invocación como nunca había oído o leído antes. Grande, Jorge… “¡Lo que esté flojo, que se caiga!”.

 

 

 

 

Anuncios